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Escapada rural sin gluten – calçots, romesco y carne a la brasa

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comer sin gluten en el paller de can pradell

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¿Sabéis esos restaurantes a los que sabes a la hora que entras pero no a la hora que saldrás? Pues El Paller de Can Pradell es uno de estos. La forma fácil de llegar es a través de la salida 11 de la AP-7/E-15, pasando por el Peaje de Sant Celoni, dónde deberéis seguir la carretera C-61 hasta que encontréis las indicaciones, a unos 6 km del peaje, para entrar en un camino de tierra hasta el restaurante.
Además, si os gustan la historias de brujas, en aproximadamente la mitad de este último tramo, encontraréis el Dolmen de Vallgorguina, también conocido como la “Piedra Gentil”, conocido como punto de encuentro de las brujas de la comarca desde tiempos inmemoriales.

dolmen vallgorguina - pedra gentil

Como a nosotros – y con “nosotros” me refiero a Aurea, Carles y yo, la pareja con los que he celebrado el Fin de Año en Marruecos los dos últimos años (leed aquí la parte 1 y parte 2 de ese viaje) – nos gusta complicarnos un poco más, normalmente quedamos en Vilassar de Dalt y hacemos una ruta de casi dos horas por el Montnegre y el Corredor hasta llegar al restaurante. Como decimos en Cataluña, “per obrir la gana” (para abrir el apetito). Por estos caminos, también encontraréis construcciones antiguas y, hay un tramo, en el que encontraréis una serie de esculturas creadas por los pacientes de un centro de rehabilitación que hay al otro lado de la montaña. Eso sí, no recomiendo que paséis por allí a no ser que vayáis andando, en bici o con un todoterreno.

corredor i montnegre

Cuando estéis a punto de llegar por el lado del Corredor, a lo lejos veréis la Masia, dónde cultivan y crían casi todo lo que comerás: calçots, escalivada, pollo, cerdo (carrillera, secreto, butifarra), ternera, conejo…

el paller de can pradell

Nada más llegar ya sale uno de los camareros a pedirnos qué queremos de beber mientras nos esperamos a tener la mesa lista. A mi ya ni me preguntan, siempre me dicen “para ti una cerveza de las tuyas”, refiriéndose a la cerveza sin gluten Damm Daura, y yo siempre añado “y un morrito”, refiriéndome al morro de cerdo frito que nos traen. Sí, exacto, este trato próximo y agradable es el que encontraréis allí. ¡Me encanta!

cerveza sin gluten en el paller de can pradell

Una vez dentro, llegan los menús. No hay nada indicado como sin gluten, pero Berna y Paco – los dueños – tienen muy bien controlada la contaminación cruzada y os aseguro que cuidan muy bien a todos sus clientes, sobre todo a los celíacos, ya que son plenamente conscientes de que es un tema delicado. He ido ya 13 veces y jamás me he encontrado mal. Además, como no soy el único celíaco que va allí, siempre suelen tener pan sin gluten. Eso sí, avisad cuando reservéis, si no es probable que no tengan.
Aunque con el morrito de cerdo frito hemos podido matar el gusanillo, depende del hambre que tenga me pido una escalivada – una ensalada compuesta de verduras asadas, normalmente pimientos, berenjenas y cebolla.

escalivada sin gluten

Y una vez con el calentamiento hecho y el estómago en marcha, llega la carne. Si os cuesta decidiros u os gusta probarlo todo, Paco os ofrece la solución ideal: podéis pedir medias raciones. Normalmente nosotros hacemos esto: media de butifarra blanca + media de butifarra negra; media de carrillera de cerdo a la brasa + media de pollo; media de conejo + media de secreto ibérico; y un largo etc. Puedes hacer la combinación que más te guste. Y de acompañamiento, yo suelo pedir siempre patatas fritas, pero podéis pedir escalivada, judías, huevos o verduras a la brasa. Eso sí… ¡el alioli y el vino de la casa que no falten!

carne a la brasa

Antes de llegar al postre, dejadme que os hable de sus calçots (o calsots), también conocidos como la Cebolla Tardía de Lérida, uno de los platos típicos de la gastronomía catalana que, por supuesto no puedes tomar sin su salsa típica también, el romesco, hecho a base de tomates, ajos, pan, almendras y/o avellanas tostadas, pimientos rojos secos, romero, aceite de oliva, vinagre, sal y pimienta (aunque debo deciros que cada cocinero tiene su propia receta). Como habréis visto, en la receta del romesco, se usa pan, de manera que las primeras veces que fui a comer calçots, tenía que tomarlos con alioli, que también está muy bueno. Lo mejor fue cuando un día fuimos a hacer otra calçotada y Paco me vino a decir que tenía una sorpresa para mi: habían hecho TODO el romesco de ese día con pan sin gluten especialmente para mí. ¡Qué pasada, y qué rico! Estos detallazos son los que marcan la diferencia con los otros restaurantes a los que vamos.

romesco sin gluten

Llegados a este punto, solo quedan los postres… que normalmente son un café ruso – 1/3 de vodka, 1/3 de café y 1/3 de nata – y los chupitos de limoncello, orujo de hierbas y licor de café que preparan ellos mismos.

limoncello y licor de moras

P.D.: Por favor, tened en cuenta que en este blog comparto mis viajes, anécdotas y experiencias sobre viajar sin gluten por el mundo. Es posible que, en alguno de mis viajes, vaya a algún restaurante no certificado o exista el riesgo de que me contaminen con gluten. ¡Muchas gracias!

 

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Me llamo Santi y actualmente vivo en la provincia de Barcelona. En 2001, me diagnosticaron con celiaquía y/o intolerancia al gluten… ¡por fin! Y digo “¡por fin!” porque antes de que me diagnosticaran me encontraba muy mal… ¡de veras! Además, soy intolerante a la lactosa – aunque de vez puedo permitirme comer un yogur y un poco de queso -, la alergia al pescado me mata, ¡literalmente!, y también algunas frutas (kiwi, melón, sandía y plátano). Cuando era un niño, también tuve una reacción alérgica a la penicilina pero me hicieron pruebas de nuevo hace poco y lo descartaron, así que sería otra cosa… ¡sí! Dejando el polen y las plantas de lado, estos son más o menos mis problemas con la comida…

Viajar y comer son mis hobbies y creé Gluten Free Adventures por esta razón. Desde los 8 años, he viajado y vivido en distintos países… y os puedo asegurar que – más allá de los riesgos que he corrido a veces – en más de 20 años viajando por el mundo, ¡puedo contar las veces que me han “envenenado” con los dedos de una sola mano! Así que no está tan mal…

¡Espero que os gusten nuestros viajes!

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