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Rothenburg ob der Tauber: un pueblo tan pequeño como sus opciones sin gluten

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Restaurantes sin gluten en Rothenburg ob der Tauber

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¡Tercer día de viaje! Tras visitar Dijon (Francia) y Heidelberg (Alemania), hoy nos dirigíamos hacia Rothenburg ob der Tauber, también conocida como la ciudad de Pinocho, en la que Disney se inspiró para ubicar ese cuento. ¡Qué ganas teníamos!

Aprovechando que nos habíamos levantado temprano, antes de salir de Heidelberg fuimos hasta la puerta de Carlos Teodoro para verla sin turistas – si queréis llegar allí en coche, os recomendamos que crucéis el rio. Os será más fácil parar si vais temprano. ¡Menuda diferencia! El puente estaba vacío. Excepto algún turista madrugador, que no suele haber muchos a no ser que les guste la fotografía, estábamos solos.

Comparado con los más de 1200km que ya habíamos conducido, los 160km hasta Rothenburg ob der Tauber se nos hicieron muy amenos.

Entrada a Rothenburg ob der Tauber

Tocaban las 10.30h de la mañana cuando llegamos al pueblo. Habíamos alquilado un apartamento que estaba justo dentro de las murallas, ¡en pleno centro medieval! ¡Estábamos realmente emocionados! Y nos moríamos de ganas para ver el Plönlein, la famosa plazoleta delante de casa amarilla al lado de la torre del reloj.

Dejamos el coche fuera de la muralla y entramos por uno de los caminos habilitados para conectar el parking de autobuses con el pueblo. Fuimos directo al apartamento para informar que habíamos llegado y que nos indicaran cuál era el aparcamiento que nos habían guardado. Aunque la hora de entrada al piso era a las 12h, nos dijeron que entráramos el coche por la puerta del sur, cruzando el puente viejo y lo aparcáramos justo delante. ¡Qué emoción! ¡Siempre me ha encantado cruzar puentes antiguos y entrar a los pueblos por las antiguas puertas de las murallas por las que casi no cabe el coche!

Casas de colores en Rothenburg ob der Tauber

Una vez dentro, dejamos el coche dónde nos habían dicho y como, aunque todavía estaban limpiando el piso, ya nos habían dado las llaves fuimos directo al pueblo. Teníamos que aprovechar el buen tiempo. Por la tarde la previsión era otra vez lluvia. Empezamos a caminar y no sabíamos adonde mirar. ¡Todo era bonito! Las casas de colores, las calles adoquinadas, mucha gente con con el vestido típico alemán (el Drindl para las mujeres y los Lederhosen y el Tractenhut para los hombres) que, aunque no es tan antiguo como las casas, nos hacía sentir cómo si hubiéramos viajado en el tiempo. ¡Este era uno de los pueblos más pintorescos que veríamos a lo largo del viaje!

plonlein rothenburg ob der tauber

¡Allí estaba! Tras cruzar el portal del Siebersturm – una torre medieval cuyo fin era proteger la entrada sur del pueblo – y caminar unos 50 metros, al girarnos 180º la vimos. Lo primero que vimos fue, por supuesto, la casa amarilla que hace esquina, justo delante de la fuente, en la unión entre Plönlein y Kobolzeller Steige. ¡Era como estar dentro de una postal! Aunque bueno, en nuestra vista había muchísima más gente, ¡claro! Todo el mundo intentando hacer una foto rápida para seguir “viendo” el pueblo. Esta situación me recordó a un señor norteamericano que conocí cuando me mudaba de Helsinki a Bolzano, en Italia. Ya que iba en coche, había decidido volver por la costa Noruega y, estaba en el ferry de Trondheim a Bergen y, mientras hablábamos, se fijó en una pareja que lo fotografiaba todo pero no miraba nada. Su comentario me quedó grabado: “hay gente que se pierde los mejores detalles de sus viajes, ya que sólo ve las cosas a través de la pantalla de su cámara o teléfono móvil”. ¡Cuanta razón tenía! La ventaja de viajar sólo o en pareja es que, si esperas un poco, siempre llega un momento que parece que la gente desaparece. Entonces hay que hacer la foto. Y mientras esperas a ese momento, te cuelgas la cámara y disfrutas del directo.

Marktplatz rothenburg ob der tauber

Siguiendo esa misma calle hacia arriba llegamos a la Marktplatz. ¡Alucinante! Presidida por el ayuntamiento, imponente a la izquierda, la plaza estaba rodeada de casas de colores, todas ellas muy antiguas pero muy bien restauradas/conservadas. Aprovechando que el punto de información turística estaba al lado, nos acercamos para que nos indicaran qué restaurantes eran sin gluten. “No hay ninguno, pero podéis preguntar si os adaptan algún plato” nos contestaron. Si vais a hacer esto, mejor llevad la tarjeta de viaje sin gluten en alemán. ¡Menuda decepción! Viendo la cantidad de wiener schnitzel (el típico escalope rebozado) que comía la gente, sabiendo que Alemania tiene mala fama por no controlar bien la contaminación cruzada y viendo lo estresados que iban los camareros, decidimos no correr ningún riesgo y comer de nuevo en casa. Al menos ahora habíamos quedado liberados de los horarios de los restaurantes.

En caso de que quisierais comprar sin gluten, fuera de las murallas encontraréis un EDEKA y un LIDL grandes. Si no, encontraréis productos en el E-center Bächner de la calle Bodelschwingstr. 1A; en el DM Drogerie Markt de la calle Bahnhofstraße 15; o en el Reformhaus Reinbruger de la calle Georgengasse 5-7. Este último está dentro de las murallas.

Desde el punto de Información, cruzamos de nuevo la plaza hacia el Burg Turm und Tor, la puerta del castillo que, saliendo del pueblo, te conduce hacia un parquecito con un mirador que te permite ver parte del pueblo desde lejos. 

vista de rothenburg ob der tauber desde el mirador

Tras disfrutar un ratito de la vista, volvimos de nuevo hacia la plaza, vimos que había gente en la Rathausturm, y fuimos a preguntar como subir. Supongo que la señora que estaba en la taquilla que hay justo debajo de la torre debía de estar harta de responder a la misma pregunta, ya que nos contestó bastante mal. Para evitarle más trabajo, ya os lo avanzamos: no se entra por allí. La entrada está a través del ayuntamiento, subiendo por las escaleras desde Marktplatz.

Empezamos a subir las escaleras anchas del ayuntamiento y, tras cruzar un par de salas, seguimos subiendo hasta llegar al desván. Desde allí, con la cabeza un poco más agachada y pasando por habitaciones cada vez más oscuras, seguimos subiendo hasta llegar a la base de la torre. Allí las escaleras nos recordaban a la Torre Asinelli de cuando fuimos a Bolonia, un año atrás.

vista aérea de rothenburg ob der tauber

Al llegar arriba, la vista era impresionante, sobre todo mirando hacia el sur-este, ya que aprovechando la pendiente se pueden ver mejor las casas. Eran las 14h y no había mucha gente arriba, de manera que pudimos dar unas cuantas vueltas a la torre y ver bien todo. ¡Estábamos encantados! ¡Y lo que nos quedaba por ver!

Bajamos de la torre pasadas las 14h, realmente hambrientos, así que decidimos ir al piso a comer algo y echarnos una siesta. Corta, porque cada vez estaba más nublado.

Al llegar al piso, nos sorprendimos al ver a un señor inspeccionando los bajos del coche y, cuando le preguntamos que hacía, nos mostró una pequeña mancha de gasoil. ¡Problemas! Habíamos hecho la distribución y el cambio de aceite y filtros una semana antes de partir de viaje y eso no tenía que pasar… ¡No el tercer día! Después de comernos la ensalada de pasta, en vez de siesta nos dedicamos a buscar un taller en Munich (nuestro destino para el día siguiente) para arreglar el coche. Nos quedaban más de 3.500km y no queríamos tener ningún susto.

Muralla rothenburg ob der tauber

Con la hora para la revisión reservada en el taller de Munich, salimos de nuevo a seguir visitando el pueblo. Esta vez nos dirigimos hacia la puerta por la que habíamos entrado con el coche, desde dónde nos colamos al interior de la torre por una puerta mal cerrada y, tras caminar un poco por el sótano de la torre, encontramos unas escaleras que nos llevarían hasta la muralla. Desde allí, bordeamos todo el pueblo hasta la torre norte. Al llegar, bajamos de nuevo a la calle y recorrimos las calles hasta llegar a la Iglesia de St Jakobskirche.

Al llegar de nuevo a Marktplatz, hicimos lo mismo que en nuestro viaje por Italia en el que visitamos Bolzano, Verona y Bolonia. Nos sentamos en la plaza a merendar y charlar mientras observábamos la escena.

pareja en plonlein rothenburg ob der tauber

Igual que nos pasó en Heidelberg, la lluvia nos invitó a levantarnos. Eran casi las 8 de la tarde así que, aunque era un poco temprano, como no había ningún restaurante sin gluten, decidimos volver a casa a cenar. Nos hicimos lomo con queso y puré de patatas y, como no paraba de llover, nos quedamos en el apartamento planeando el viaje del día siguiente. Teníamos pensado comer una crema de calabaza pero al final de los ingredientes decía que podía contener gluten, así que no la comimos. Suerte que Isabel leyó los ingredientes… ¡Cosas que pasan cuando compras confiado! La dejamos en el apartamento cuando nos fuimos.

lomo con queso y puré de patata

Aunque al día siguiente no teníamos que madrugar, al tener que ir al taller a reparar el coche, decidimos salir de Rothenburg a las 7h de la mañana, para llegar lo antes posible a Munich. Ese día dormí bastante mal, preocupado por lo que pasaría con el coche… aunque le había hecho todo el mantenimiento antes de salir, no quería que fuese nada grave. Estábamos solo al tercer día de viaje y aunque teníamos un colchón para emergencias, no quería reducir esa tranquilidad por culpa del coche…

Podéis ver las fotos del viaje aquí.

P.D.: Por favor, tened en cuenta que en este blog comparto mis viajes, anécdotas y experiencias sobre viajar sin gluten por el mundo. Es posible que, en alguno de mis viajes, vaya a algún restaurante no certificado o exista el riesgo de que me contaminen con gluten. ¡Muchas gracias! 

 

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Me llamo Santi y actualmente vivo en la provincia de Barcelona. En 2001, me diagnosticaron con celiaquía y/o intolerancia al gluten… ¡por fin! Y digo “¡por fin!” porque antes de que me diagnosticaran me encontraba muy mal… ¡de veras! Además, soy intolerante a la lactosa – aunque de vez en cuando puedo permitirme comer un yogur y un poco de queso -, la alergia al pescado me mata, ¡literalmente!, y también algunas frutas (kiwi, melón, sandía y plátano). Cuando era un niño, también tuve una reacción alérgica a la penicilina pero me hicieron pruebas de nuevo hace poco y lo descartaron, así que sería otra cosa… ¡sí! Dejando el polen y las plantas de lado, estos son más o menos mis problemas con la comida… Viajar y comer son mis hobbies y creé Gluten Free Adventures por esta razón. Desde los 8 años, he viajado y vivido en distintos países… y os puedo asegurar que – más allá de los riesgos que he corrido a veces – en más de 20 años viajando por el mundo, ¡puedo contar las veces que me han “envenenado” con los dedos de una sola mano! Así que no está tan mal… ¡Espero que os gusten nuestros viajes!

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