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Restaurante Tapa Tapa: cuando te dicen que sí… ¡y resulta que es que no, y comes gluten sin saberlo!

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tapa tapa barcelona no tiene sin gluten

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Hemos tardado bastante en inaugurar la sección AVENTURAS CON GLUTEN – principalmente por falta de contenido, lo cual es una buena noticia – pero por desgracia, el restaurante Tapa Tapa de Barcelona, en el Paseo de Gracia número 44, nos ha brindado la oportunidad de empezar con la sección… ¡ya que ahora ya tenemos dos artículos: París y este!

¡Permitid que os ponga en situación!

La semana pasada estuve con un cliente de Sudáfrica. Nico llegó el lunes y se hospedó en Sabadell. Debido a la apretada agenda que teníamos con él, no pudimos ir a Barcelona hasta el miércoles. Ese señor no había salido nunca de Sudáfrica y se moría de ganas de ver la ciudad. Así que, cuando terminamos las reuniones de ese día, fuimos a Barcelona con el objetivo de visitar el centro de la ciudad (Catedral, La Rambla, Estatua de Cristóbal Colón, Maremagnum… etc.).

Como sabéis, la mayoría de extranjeros vienen a España no sólo para ver nuestras maravillosas ciudades, si no también para probar lo bien que se come. Las tapas son uno de los platos que más allá de nuestras fronteras han ido y él quería cenar tapas.

Mi idea era ir al Restaurante El Nacional, en el 24 bis de la misma calle que el Tapa Tapa, pero cuando llegamos había una cola bastante larga para entrar, así que seguimos hacia arriba. Luego recordé que alguien me había comentado que había comido sin gluten en el Tapa Tapa. Sin pensarlo, llamé al restaurante para preguntar si tenían cosas sin gluten, y también para reservar una mesa para esa misma noche.

Me atendió una chica muy maja quien me dijo que no me preocupara, que podría comer bien, aunque evidentemente no podría comer todo. No me pareció nada raro que me dijera eso, ya que normalmente nunca podemos comer todo.

Mientras esperábamos en la barra, la chica vino a explicarnos el menú, que es el mismo salvamanteles de papel que te ponen en la mesa. Sacó el bolígrafo de su bolsillo y empezó a explicarme qué podía comer y qué no: primero eliminó los montaditos, y me explicó que no tenían pan sin gluten, así que no podría comer ninguno de esos; luego empezó a tachar los pescados, ya que le había explicado que a parte de celíaco, también soy alérgico al pescado; y luego empezó el triage: mientras recomendaba algunos platos a mi compañero, me indicaba si podía comerlos o no.Además, a parte de indicarme también los platos que no podría comer porque llevaban pan o rebozado, también me indicó cuáles podían contener trazas de gluten, ya fuera por cómo los preparaban en la cocina o por que su proveedor no podía asegurarles su ausencia. Escuchar a esa chica explicándome el menú con tanto detalle me hizo sentir seguro y tranquilo. Estaba convencido de que comería genial…

Finalmente nos decidimos a empezar por cuatro raciones:

    • Mejillones.
    • Huevos estrellados con jamón.
    • Un plato de jamón ibérico.
    • Unos pinchitos morunos.

A medida que nos fueron trayendo los platos, a mi cliente se le escapó la sonrisa. ¡Estaba contento de comer todo eso, tan lejos de su casa! Y yo también estaba contento porque me apetecía mucho comer esas tapas. Según nos habían explicado, a excepción de los mejillones (por el tema del pescado), el resto podía comerlo todo con tranquilidad.

Luego empezaron las alarmas… otro camarero, vino rápido y me dijo que “si era muy celíaco” mejor no comiera los huevos estrellados, ya que las patatas podían estar contaminadas. Me mosqueé un poco, ya que mientras esa chica nos explicó el menú, insistí en que confirmara que podía comer las patatas fritas. Cuando volvió de la cocina su respuesta fue contundente: “¡sí, no te preocupes!”.

De repente, mis opciones para la cena se redujeron aún más. De las cuatro raciones que habíamos pedido, ahora sólo podía comer dos: el jamón ibérico y los pinchos. Antes de que se fuera, medio enfadado, le pregunté de nuevo si los pinchos eran sin gluten. Su respuesta fue igual que la de la chica: “¡sí, no te preocupes!”.

Cuando le expliqué la situación a Nico, me dijo que él se comería los mejillones y los huevos estrellados y que yo me comiera los pinchos y el jamón. Parecía un buen trato, pero igualmente le di uno de los dos pinchitos que nos habían traído para que lo probara. Mi cena ese día sería un plato de jamón ibérico y un pincho moruno. Ya comeré algo al llegar a casa pensé.

Al terminar de cenar, volvimos de nuevo a Sabadell.

Cuando llegué a casa, fui directamente a dormir. A mitad de la noche empezaron los problemas. Primero me desperté porque empezaba a notar pinchazos en el vientre. Intenté aguantar un poco pero, a las cuatro de la madrugada, llegó un punto que tuve que salir corriendo de la cama para ir al baño… los que tengáis este tipo de síntomas al comer gluten, ya sabéis lo mal que lo pasa uno…

Por suerte, Nico venía a las 9:15h de la mañana, así que todavía tenía tiempo. Tomé un probiótico y volví corriendo al baño… estuve allí sentado hasta pasadas las 7h… y el dolor y la diarrea no paraban. A las 8.30h, pareció que la barriga me daba una tregua, así que me duché rápido y fui al trabajo. Llegué 5 minutos antes que Nico y tuve que volver corriendo al baño. ¡Qué día me esperaba!

A lo largo de la mañana, me ausenté un par de veces con alguna excusa barata, para poder ir al baño. ¡lo estaba pasando fatal! Y además, tenía que ir a comer con él también… en una de mis escapadas, llamé al restaurante al que solemos ir siempre con los clientes y les pedí que me hicieran arroz blanco y pollo a la plancha. Ese día no podía comer normal.

Por la noche, destrozado, llegué a casa y fui a dormir sin cenar… ya no tenía diarrea pero todavía me dolía el vientre. Estuve mal hasta el domingo…

Lo que he aprendido es que, la próxima vez que un camarero me diga que no preocupe, pero otro distinto venga rápido a decirme que no coma eso que me han dicho que si puedo comer porque puede tener gluten, me levantaré y me iré del restaurante.

P.D.: Por favor, tened en cuenta que en este blog comparto mis viajes, anécdotas y experiencias sobre viajar sin gluten por el mundo. Es posible que, en alguno de mis viajes, vaya a algún restaurante no certificado o exista el riesgo de que me contaminen con gluten. ¡Muchas gracias! 

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Me llamo Santi y actualmente vivo en la provincia de Barcelona. En 2001, me diagnosticaron con celiaquía y/o intolerancia al gluten… ¡por fin! Y digo “¡por fin!” porque antes de que me diagnosticaran me encontraba muy mal… ¡de veras! Además, soy intolerante a la lactosa – aunque de vez puedo permitirme comer un yogur y un poco de queso -, la alergia al pescado me mata, ¡literalmente!, y también algunas frutas (kiwi, melón, sandía y plátano). Cuando era un niño, también tuve una reacción alérgica a la penicilina pero me hicieron pruebas de nuevo hace poco y lo descartaron, así que sería otra cosa… ¡sí! Dejando el polen y las plantas de lado, estos son más o menos mis problemas con la comida… Viajar y comer son mis hobbies y creé Gluten Free Adventures por esta razón. Desde los 8 años, he viajado y vivido en distintos países… y os puedo asegurar que – más allá de los riesgos que he corrido a veces – en más de 20 años viajando por el mundo, ¡puedo contar las veces que me han “envenenado” con los dedos de una sola mano! Así que no está tan mal… ¡Espero que os gusten nuestros viajes!

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