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Ibon de Plan: un paraje extraordinario rodeado de pueblecitos con encanto y restaurantes muy interesantes

¡Nos levantamos en el Parador de Artíes con un día espléndido! Tras un buen desayuno, cargamos el coche y salimos dirección Vielha para cruzar de nuevo hacia el Valle de Boí y dirigirnos hacia Bielsa. Íbamos a dormir en el Parador a pie del Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido. Ya habíamos estado hacía unos años y esta vez queríamos descubrir restaurantes sin gluten cerca del Ibon de Plan.  Podéis ver el video del viaje en mi canal de Youtube o haciendo click en la imagen de abajo.

Era media mañana y teníamos dos horas y media de trayecto. Nuestro objetivo ese día era subir al Ibon de Plan. Habíamos unas fotos maravillosas en Instagram y queríamos verlo en persona. ¡Todo es siempre mejor en persona! ¿o no? Además, después de los reflejos naturales que habíamos visto en el Estany de Sant Maurici y en el Estany de Ratera, ¡queríamos más naturaleza!

Como el GPS nos llevaba muy cerca de Ainsa, decidimos parar allí a comer. Ainsa está considerado uno de los pueblos más bonitos de España y queríamos verlo. De camino, reservamos en el Restaurante Fes. Nuestra aventura sin gluten por el Pirineo seguía teniendo muy buena pinta.

Llegamos a este pueblo tan maravilloso sobre las 12h-12.30h del mediodía y aprovechamos para dar un paseo por su centro histórico.

¡Qué bonito! Además, desde allí se ven unas vistas muy bonitas del llano y ceros que lo rodean. El castillo es impresionante. Cuando entras, desde el parking superior (que para los que vayáis en furgo camper os interesa porque se puede dormir por 3€ la noche), te sientes como un caballero medieval. ¡Me encanta!

Es un pueblo medieval precioso y las flores que hay en los balcones de algunas casas le dan un toque de color aun más bonito. En la plaza mayor siempre hay jaleo y, cuándo hace bueno, tomarse algo allí es un buen premio.

Fuimos pronto a comer porque no queríamos llegar muy tarde al Ibon de Plan. Llegamos al restaurante Fes, en el 22 de la calle Mayor y la camarera nos sentó en una mesa justo al lado de la ventana. ¡Comimos con unas vistas maravillosas del otro lado del pueblo. ¡Más campos y cerros! Además, parecía que el otoño no quería llegar del todo porque aun siendo ya Octubre casi, hacía una temperatura excelente.

Isa decidió pedir el menú. Empezando con una ensalada y siguiendo por una longaniza de Aragón con patatas fritas. Yo me lancé a probar algo totalmente nuevo: ¡lengua de vaca estofada con setas! No la había probado nunca y al verlo en el menú me entró la curiosidad. Reconozco que me daba un poco de cosa, pero tenía ganas de probar ese plato.

La trajeron fileteada, bañada con un poco de caldo y adornada con unas cuántas setas. ¡Me sorprendió mucho la textura! Visualmente se veían las papilas gustativas de la lengua del bicho, y en la boca también las noté. Era como si tuviera una corteza de papilas que estaba más durita y, justo debajo de esta corteza, la lengua era muy tierna. No era una corteza crujiente, si no como un recubrimiento. ¡No esperaba que fuera tan rica y tierna! Siendo un músculo tan activo, creí que estaría más duro pero no, ¡era super tierna! Y el sabor no era muy distinto a cualquier otra parte de la vaca.

Al terminar de comer, volvimos paseando hasta el coche para dirigirnos hacia Saravillo. Estábamos a media hora y, según habíamos visto mientras comíamos, desde allí empezaba la pista que sube hasta el refugio que hay cerca del Ibón de Plan. Habíamos leído varias reseñas sobre esta pista y todas decían que no era raro encontrarla en mal estado… no me preocupaba distinto porque íbamos con un todoterreno… pero tenía intriga.

Al llegar a Saravillo, justo antes de la pista, aparcamos para comprar el ticket del “peaje” para subir la carretera. Cuesta 3€ y sirve para mantener el camino. La subida fue muy agradable y además vimos un cervatillo cruzando el camino. Tardamos unos 15-20 minutos en llegar al refugio. Estábamos contentos de haberla encontrado abierta, ya que de estar cerrada no habríamos podido subir al Ibon de Plan, ya que desde Saravillo hay 3h de ascenso. A parte de que no nos habría dado tiempo a subir y bajar, no creo que estuviéramos físicamente preparados.

Desde el refugio se tarda unos 30 minutos en llegar. Es un camino de 1,2km aproximadamente. Bastante fácil, aunque hay algún trozo con muchas piedras grandes y algún árbol caído. Llegar al Ibon no tiene pérdida… ¡casi! Digo casi porque cuándo salimos del bosque vimos un charco grande y pensamos que eso era el Ibon… ¡y no! Nos quedaban todavía unos 200 metros… suerte que miré el mapa. Si no… ¡menuda decepción!

Aunque el cielo estaba encapotado, ver ese laguito fue impresionante. El reflejo natural era muy bonito y, lo mejor de todo es que estábamos solos. Merendamos allí arriba sentados en un tronco y disfrutando de las vistas. Silencio, paz y tranquilidad.

¡En invierno debe de ser un lugar digno de ver también! Todo nevado y con el Ibón congelado. ¡Tengo pendiente volver!

Después de hacer unas cuántas fotos y caminar alrededor del lago, decidimos que era hora de ir hacia el Parador de Bielsa.

Llegamos que todavía era de día y aprovechamos para dar otro paseíto hacia el río. Desde el interior del valle las vistas son impresionantes también. ¡La montaña es un sitio tan bonito! Además, en esa época había pocos viajeros y la teníamos casi toda para nosotros. ¡Tranquilidad! Es lo que buscábamos.

Llegada la hora de cenar, nos dirigimos al restaurante a ver qué nos daban de comer. ¡El primer plato ya sabríamos cuál sería! ¡Un plato de jamón ibérico con pan sin gluten! De segundo, me zampé un arroz con jabalí que estaba para chuparse los dedos. ¡En estos sitios de montaña siempre se come bien!

Después de cenar, caímos rendidos en la cama hasta el día siguiente.

Habíamos ido a dormir en verano y nos levantamos en pleno otoño. Llovía, hacía frío y viento. ¡Mucho frío además! Esto nos hizo cambiar los planes. Queríamos subir al Llano de la Larri, justo encima del Parador de Bielsa. Suerte que la noche anterior, mientras cenábamos, habíamos mirado el tiempo y ya sabíamos que llovería. Por esto no habíamos pedido el picnic la noche anterior.

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No tenía pinta de que el tiempo fuera a mejorar así que decidimos refugiarnos cerca del fuego de la sala de estar del Parador para buscar una alternativa. Nos apetecía ir a probar más restaurantes sin gluten cerca del Ibon de Plan. Encontramos uno llamado La Capilleta en el pueblo de Plan. Tras pasar un ratito más calentándonos cerca del fuego, partimos hacia allí.

¡El trayecto me encantó! Aunque llovía, valió mucho la pena conducir por esa carretera siguiendo el río y cruzando los túneles al borde de la montaña.

El restaurante La Capilleta está situado en el número 7 de la Carretera San Juan de Plan. Tiene como dos zonas y parecía bastante nuevo. No sé si lo reformaron hace poco o si es que lo cuidan muy bien. ¡Era un sitio agradable!

Nos sentaron en una mesita al lado de la barra y nos trajeron el menú. Al explicarles que somos celíacos nos dijeron que no había ningún problema. ¡Esto siempre suena bien!

El menú era bastante completo pero nos lo cambiaron un poco para adaptarlo de forma segura. ¡Importantísimo! Aun así, ¡nos pusimos las botas! Empezamos con un paté casero con pan sin gluten recién tostado. Luego seguimos con unos “nidos de patata con huevos de trucha y salmón” que se convirtieron en unos “hueso con chistorra y alcachofas”, ya que con el primer plato había riesgo de contaminación cruzada. Yo pedí unas judietas con patatas y picadillo. ¡Todo riquísimo!

De segundo pedimos una costilla de cerdo adobada. ¡Uau! ¡Qué buena estaba! Se deshacía en la boca. No hacía falta ni masticar casi. A veces la costilla de cerdo es un poco astillosa pero esa… ¡oh! ¡Deliciosa! Solo hay que ver la cara de Isa en el video del viaje.

De postre, creíamos que solo podíamos comer el arroz con leche pero nos sorprendieron con la adaptación de la espuma de chocolate con una bola de helado. ¡Tenía una pinta impresionante! ¡Siempre es agradable comer en sitios como este!

Al salir, seguía lloviendo y no nos apeteció pasear por el pueblo. Subimos al coche y decidimos volver hacia Bielsa para descansar en el Parador.

Al llegar arriba, había dejado de llover y parecía que el cielo se despejaba. Aunque estábamos llenos, no lo dudamos ni un segundo. Fuimos a la habitación a cambiarnos para subir al Llano de la Larri. Nos abrigamos bien porque aunque estaba despejado, hacía bastante frío.

A pesar de tener la tripa realmente llena subimos todo lo rápido que pudimos. Era ya un poco tarde y no queríamos que nos pillara la noche.

Arriba se me dibujó una sonrisa en la cara. Primero porque tenía muy buen recuerdo de ese llano y, segundo, porque habíamos podido subir de nuevo. El tiempo hacia el lado contrario del valle era magnífico. Hacia el otro lado, era un poco aterrador. La niebla se estaba tragando las montañas y empezaba a nevar un poco…

No aguantamos mucho rato allí arriba porque el viento era bastante fuerte. A pesar de que el paisaje fuera bonito de ver, no era sostenible para nosotros. Por suerte la anterior vez que habíamos estado era verano y el día era espléndido.

La bajada fue más tranquila porque ya solo nos quedaba volver al Parador a ducharnos, descansar y cenar. El Parador de Bielsa es un sitio genial al que ir de retiro durante un fin de semana. Des de allí se pueden hacer excursiones por la montaña para todos los niveles y el sitio es inmejorable.

¡La cena de ese día fue más ligera! Cenamos un paté de jabalí y un plato de jamón con pan sin gluten recién tostado.

Al día siguiente íbamos a la tercera etapa del viaje. Tocaba descubrir restaurantes sin gluten en Huesca.

Podéis ver las fotos del viaje aquí.

HACIENDO CLICK EN EL MAPA DE RESTAURANTES SIN GLUTEN PODRÉIS VER TODOS LOS RESTAURANTES DE LOS QUE OS HEMOS HABLADO UBICADOS EN EL MAPA DE ESTABLECIMIENTOS SIN GLUTEN:

Y AQUÍ OS DEJAMOS LA TARJETA DE VIAJE SIN GLUTEN EN CASTELLANO:

P.D.: Por favor, tened en cuenta que en este blog comparto mis viajes, anécdotas y experiencias sobre viajar sin gluten por el mundo. Es posible que, en alguno de mis viajes, vaya a algún restaurante no certificado o exista el riesgo de que me contaminen con gluten. Tended en cuenta que la lista de referencias puede cambiar. Por favor, aseguraos siempre antes de comer en los restaurantes que recomendamos .¡Muchas gracias! 

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Me llamo Santi y actualmente vivo en la provincia de Barcelona. En 2001, me diagnosticaron de enfermedad celíaca… ¡por fin! Además, soy intolerante a la lactosa, la alergia al pescado me mata, ¡literalmente!, y también algunas frutas... Viajar sin gluten se ha convertido en mi mayor hobby y creé Gluten Free Adventures por esta razón. Desde los 8 años, he viajado y vivido en distintos países… ¡aquí comparto mis experiencias viajando para descubrir restaurantes sin gluten, pastelerías sin gluten y heladerías sin gluten por todo el mundo! ¡Espero que os gusten nuestros viajes sin gluten!