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Belgrado: descubriendo nuevos restaurantes sin gluten en hoteles y zonas turísticas

¡La primavera sienta bien a todas las ciudades! Estábamos a finales de mayo y el siguiente viaje que tenía planeado ya era el de la primera semana de vacaciones, en junio. Estaba en medio de otra semana que, además, me la había pedido entera de vacaciones para hacer la mudanza. Finalmente, ¡Isa venía a vivir conmigo a Sabadell! Tras tres años y medio a distancia, ¡lo habíamos conseguido!

Recuerdo que era viernes por la mañana. Estábamos paseando por una tienda de muebles cuando me llamó Djurica, mi representante en Serbia: “¡Santi, tienes que venir cuanto antes!” me dijo. Era otra magnífica oportunidad para seguir descubriendo restaurantes sin gluten en Belgrado.

Era la peor semana para ir… estábamos de mudanza con Isa y la semana siguiente tenía que ir al hospital a hacerme una gastroscopia para hacer el seguimiento de la esofagitis eosinofílica. Aún así, siempre hay un hueco para hacer un viaje relámpago a Belgrado. ¡Y más aún si es primavera!

El lunes por la tarde me veía de nuevo dentro de un avión de Alitalia. De nuevo, comiendo la comida que traía de casa porque nunca tienen nada para los celíacos… ¡nunca dejará de sorprenderme que sea tan fácil comer sin gluten en Italia y tan difícil en los aviones de su compañía aérea! En fin… sabiéndolo, ya voy siempre preparado para estos vuelos.

Igual que la última vez que viaje a Serbia, Djurica había organizado mi estancia a la perfección. Esta vez me había reservado una habitación en el hotel Falkenstainer. Igual que Trifon en mis viajes a Bulgaria, Djurica había informado al hotel sobre mi condición celíaca. ¡Viajar así es una maravilla!

El vuelo se había retrasado más de una hora, así que llegué tarde a Roma. Por suerte pude enlazar con el siguiente vuelo. Si no habría tenido que llegar, probablemente, al día siguiente. El único restaurante sin gluten en Belgrado abierto a esa hora es el Novak 1. Lleva este nombre porque es el restaurante del tenista serbio. Allí no hace falta enseñar la tarjeta de viaje sin gluten en serbio. ¡Conocen bien el tema!

Aunque hay pocos platos marcados como sin gluten en su carta, los que hay, están ricos. La última vez había comido la shopska salata y el risotto. Hoy probaría la pasta sin gluten.

Me trajeron una bandeja con espirales de pasta sin gluten. Estaba un poco salada pero la guarnición estaba muy rica. Llevaba pollo, verduras y un gratinado de queso con orégano que hacía que desprendiera un olor delicioso.

Había viajado a Belgrado para una única reunión. Al día después, me encontré con Djurica a las 9.30h de la mañana para ir a visitar el cliente. Entre la paliza que nos habíamos pegado con la mudanza y las prisas del viaje, estaba molido. Desayuné en la habitación mientras liquidaba algunos e-mails importantes.

La reunión fue muy bien. Estuvimos casi dos horas y media solucionando todas las dudas técnicas que tenía el cliente. Nos pidió que volviéramos al día siguiente con nuestra mejor oferta. Por desgracia, casi todo se reduce al precio al final…

Al salir de la fábrica, Djurica me llevó al centro a dar un paseo y a comer. Mis padres habían visitado Belgrado hacía unos meses y me dijeron que habían comido en el restaurante “Tres Sombreros” de la calle Skadarska 29. Está en el centro, en una zona muy turística.

¡Se notaba que era primavera! Las terrazas estaban llenas, había flores en las ventanas antiguas de las calles peatonales de piedra y, como suele ser típico en los países en los que hace frío, la ciudad estaba patas arriba para reparar los estragos del invierno. 

El restaurante está en una calle muy bonita que parecía muy antigua. Con el suelo adoquinado y las casas de distintos tamaños, formas y colores. ¡Repleta de restaurantes! Se respiraba un ambiente muy relajado y tranquilo. A esta zona la llaman el Montmartre de Belgrado. La temperatura era ideal, así que decidimos sentarnos en la terraza.

El restaurante Tres Sombreros tiene el símbolo sin gluten en el menú que expone en la calle. Pero no está en las cartas que entregan a los comensales… mostré la tarjeta de viaje sin gluten en serbio al camarero y le pedí que me ayudara a elegir. El hombre no hablaba muy bien inglés y Djurica me hizo de traductor.

Cuando entendió lo que necesitaba, salió a la calla a buscar la carta con los platos marcados y me recomendó el Opanak. Además, no tenía que preocuparme. A diferencia de los restaurantes de Sarajevo (Bosnia), allí preparaban el pan en un horno a parte para evitar el riesgo de contaminación cruzada.

Djurica pidió al camarero que tuvieran cuidado con la contaminación cruzada en la cocina. Al cabo de un rato, el camarero volvió para decirme que mejor eligiera otro plato… teóricamente el Opanak era sin gluten, pero la carne picada la compraban hecha en otro sitio y no podían garantizar al 100% la ausencia de trazas.

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Finalmente optamos por la vía fácil. Pedios una shopska salata para compartir. Esta no puede faltar en las comidas de los Balcanes y luego un  solomillo de ternera a la plancha con guarnición de patatas y pimiento asados.

Mientras esperábamos la comida, vinieron unos músicos a entretener la terraza con música típica serbia con un estilo un poco gitano me explicó Djurica.

La idea que teníamos era dar un paseo por el centro en obras de Belgrado para conocer un poco más la ciudad. Desafortunadamente, a lo largo de la comida el tiempo había ido empeorando y cuando salimos del restaurante el cielo estaba gris, de nuevo, con nubes amenazadoras.

La tregua primaveral duró poco tiempo. Pocos minutos después de salir del restaurante el cielo descargó sobre la ciudad en obras. De repente, la tranquilidad de las calles del centro de Belgrado se convirtió en una gincana a través del laberinto de vallas y material de obras. Algunos corrían con el periódico o el maletín en la cabeza. Otros más precavidos sacaron el paraguas. Otros, como nosotros, no sucumbieron al caos que genera la lluvia y nos tomamos la vuelta hasta el coche con un poco más de calma. Refugiándonos bajo los porches y balcones de las casas.

La descarga duró poco y, cuando llegamos de vuelta al hotel. Era pronto pero decidimos separarnos para seguir trabajando un poco. Habíamos organizado el viaje tan rápido que Djurica no había podido cancelar algunas de sus reuniones. Aproveché para preparar la reunión del día siguiente y descansar un poco.

A la hora de cenar, Djurica me llamó para decirme que estaba muy cansado y que no podría ir a cenar conmigo. “No hay problema” pensé. A una hora de cenar más española que serbia, bajé al restaurante del hotel. Sería otro restaurante sin gluten en Belgrado que añadiría a la lista. Di mi número de habitación y me senté en una mesa un poco retirada. Me apetecía cenar tranquilo.

Mostré la tarjeta sin gluten en serbio al camarero y le pregunté qué podría tomar. Me propuso que mirara el menú y eligiera 2 ó 3 platos. Él, de mientras, iría a la cocina a preguntar al chef los platos que podrían adaptar. Elegí tres platos: el risotto con albóndigas, el cordero tipo oso buco con puré de patata y las costillas de cerdo con salsa barbacoa.

Cuando volvió intercambiamos elecciones. Me explicó que las albóndigas del risotto podían contener trazas de gluten. “De acuerdo, descartado”. Y entre el cordero y las costillas me recomendó las costillas. “¡Sin duda!” dijo.

Fue una buena elección. La carne alrededor del hueso se deshacía en la boca y no había un exceso de salsa barbacoa como en otros sitios. Todo estaba muy equilibrado. Para asegurarse de que no me contaminaban, habían cambiado el puré de patatas por verduras a la plancha. Lo acompañé con una copa de vino tinto que me sentó de maravilla. ¡Ya sólo quedaba el postre! En estas ocasiones suele apetecerme chocolate pero no tenían nada. El camarero me recomendó un pastelito de tapioca, arroz con leche de coco y fresas que me recordó al postre que tomó Isa en el restaurante Vivotto de Avignon, en Francia. Estaba bueno, pero definitivamente, ¡me gusta más el chocolate!

Al día siguiente nos reunimos a las 10.30h con el cliente. Aproveché para conectar con España para aclarar algunos temas antes de ir a la reunión. De nuevo, fue una reunión agradable en la que nos dieron a probar sus zumos de tomate (sin gluten). Tras presentar nuestra mejor oferta, nos agradecieron la visita de última hora y nos despedimos. Nos dirían algo en breve tras analizar las otras propuestas que tenían sobre la mesa.

Ya solo quedaba comer e ir al aeropuerto. Como ya es tradición, fuimos al restaurante “Gluten No” a por una pizza sin gluten y sin lactosa.

¡Fue la primera vez que comí una pizza margarita sin gluten! De hecho, la comí por error… había pedido una Capricciosa con queso sin gluten. No sé porque la camarera apuntó Margarita. La pizza ya estaba hecha y, a esa hora, éramos los únicos en el restaurante así que me la comí. Igual que las demás pizzas que había comido en ese restaurante, ¡estaba muy buena!

Antes de irnos, aproveché para comprar un par de muffins y galletas para el viaje de vuelta. Volaba con Air Serbia y Alitalia y no tendría nada para comer sin gluten en ninguno de los dos vuelos de vuelta.

Antes de ir al aeropuerto, Djurica me llevó a los lagos artificiales que habían construido en una bifurcación del río. Lo han convertido en una zona de playa y deportes dónde se puede practicar remo, wakeboard o, simplemente, nadar y tomar el sol (cuando brilla).

Podéis ver las fotos del viaje aquí.

HACIENDO CLICK EN EL MAPA DE RESTAURANTES SIN GLUTEN PODRÉIS VER TODOS LOS RESTAURANTES DE LOS QUE OS HEMOS HABLADO UBICADOS EN EL MAPA DE ESTABLECIMIENTOS SIN GLUTEN:

Y AQUÍ OS DEJAMOS LA TARJETA DE VIAJE SIN GLUTEN EN SERBIO:

P.D.: Por favor, tened en cuenta que en este blog comparto mis viajes, anécdotas y experiencias sobre viajar sin gluten por el mundo. Es posible que, en alguno de mis viajes, vaya a algún restaurante no certificado o exista el riesgo de que me contaminen con gluten. Tended en cuenta que la lista de referencias puede cambiar. Por favor, aseguraos siempre antes de comer en los restaurantes que recomendamos .¡Muchas gracias! 

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