Idioma / Language: Inglés

Litochoro: hago autostop por primera vez en mi vida para llegar a tiempo al restaurante

Tras una semana de viaje por Grecia visitando a clientes alrededor de Atenas y Thessaloniki, por fin, podía disfrutar de mi viaje de una forma distinta. ¡Era un turista de nuevo! Era el primer viaje de trabajo después de dejarlo con Isa y esta vez aproveché para quedarme el fin de semana allí. Ese día Nikos había planeado un pequeño tour para mí. Iríamos a visitar las Tumbas de Royal Tobs en Aiagai y luego a un monasterio de la base del Monte Olimpo. Después iríamos a descubrir uno de los restaurantes sin gluten en Litochoro. Podéis ver el video del viaje aquí o haciendo click en la imagen de abajo:

Ese día pude dormir un poco más. Había quedado con Nikos sobre las 10h de la mañana. Queríamos descansar. Sobre todo después de haber ido a dormir tarde la noche anterior, ya que habíamos ido a tomar algo a Le Cercle de Salonique. ¡Un bar muy chulo!

Salimos de Thessaloniki y nos dirigimos hacia la montaña sagrada. ¡El Monte Olimpo! ¡Allí arriba vivía Zeus! Estaba muy emocionado. De hecho, en el coche, Nikos me dio una clase magistral de todos los dioses. Los de primera liga y los de segunda… ¡Estos griegos tenían un montón de dioses!

¡Hacía un día espléndido! Llegamos al museo de las tumbas sobre las 11h. Nikos me había explicado que íbamos a ver la tumba de Filipo II. ¡El padre de Alejandro Magno! Junto a la tumba de Tutankhamon, este es uno de los mayores tesoros de la antigüedad jamás encontrado. La tumba data del siglo IV a.C.

Algo que me gustó mucho es que la misma tumba se había convertido en Museo. No podías entrar dentro de la tumba pero el museo estaba en el mismo sitio de esta. Junto a ella, encontraron también la tumba de otro príncipe.

Era muy interesante ver todas las joyas, jarrones, armas, muebles y otros elementos decorativos. Todos expuestos tal y como se habían encontrado en el sitio original. También había reproducciones a escala de la tumba y las distintas salas.

Tuvimos un momento muy gracioso porque Nikos entiende el griego antiguo y pudo leer lo que había escrito en las piedras que había expuestas. ¡Esto le hizo sentir un poco viejo!

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Desde allí, salimos dirección al Monte Olimpo. Las vistas que hay desde la carretera son muy bonitas. Pintado con los rojos y amarillos del otoño, era aun más bonito de ver. Cruzamos Litochoro para ascender por esa carreterita que nos llevaría hasta la base de la montaña. Allí hay un parking con un restaurante.

Al llegar, el parking estaba totalmente lleno y tuvimos que aparcar en la cuneta. Desde allí, empezamos a caminar hacia abajo, por un camino que seguía el río.

Era un bosque bastante cerrado y todo estaba bastante húmedo. El suelo con un manto de hojas rojo. La excursión estaba siendo muy fácil. Todo era bajada. Mientras avanzábamos, pensaba que la vuelta sería más dura. Sobre todo porque estaríamos hambrientos.

Al cabo de poco, llegamos a unas pequeñas cataratas. Cruzamos el río a través de un puente de madera y seguimos andando. Nuestro objetivo era llegar a la Cueva Sagrada de San Dionisio y luego ir a ver el Monasterio.

En la cena del día anterior habíamos tenido otro momento muy gracioso.  Se ve que en Grecia es común encontrar tortugas salvajes en el bosque. ¡No tenía ni idea! En España no he visto nunca una tortuga salvaje. Siempre las he visto como mascotas en casa de vecinos o amigos… ¿Vosotros habéis visto alguna en el bosque?  Iba todo el rato pendiente de si veía una tortuga… ¡no vimos ninguna! En fin…

En la cueva, hay una pequeña construcción al lado del manantial. Entendí que esa cueva era dónde había vivido San Dionisio durante muchos años. Estaba lleno de imágenes y velas que habían dejado los creyentes.

Se nos hacía tarde y todavía teníamos que ver el Monasterio. Estuvimos un rato en la cueva, contemplando el bosque desde allí. ¡Era muy bonito! La banda sonora del agua que salía del manantial acababa de completar la imagen.

Al cabo de 30-40 minutos llegamos al Monasterio. Estaba en obras y decidimos no entrar. Eran las 3 de la tarde y teníamos hambre. El problema es que nos quedaban 3h de camino para llegar al coche…

De nuevo… ¡A grandes problemas, grandes soluciones! Cuando llegamos a la carretera nos pusimos a buscar un coche para pararlo. Sin cortarse un pelo, Nikos pidió a unos alemanes si podían subirnos en coche hasta el parking de la base del Monte Olimpo. ¡Nos salvaron! Llegamos arriba en unos 15 minutos.

Tras darles las gracias infinidad de veces, nos subimos a nuestro coche para volver al pueblo. Nikos había buscado restaurantes sin gluten en Litochoro y había encontrado este: Gastrodromio en Agiou Nikolaou 36. Les había llamado y le habían dicho que no habría problema. Por si acaso, llevaba la tarjeta de viaje sin gluten en griego pero no la utilicé.

Tenían pan sin gluten hecho por ellos con harina de almendra. ¡Lo prové! Era un pan bastante plano porque parecía que no habían usado levadora. Estaba muy rico. El sabor recordaba un poco a bizcocho, pero fue de gran servicio para comer lo que pedimos.

Compartimos una ensalada griega y unas tiras de cerdo con verduras. Otro plato típico de Grecia. Luego yo pedí cordero con judías. ¡Todo muy rico! Una buena recompensa después de la caminata que nos habíamos pegado.

Después de comer, volvimos tranquilamente a Thessaloniki. Nikos me dejó en el hotel y quedamos en vernos en otro bar-restaurante llamado Casablanca. Íbamos a una fiesta que organizaba una amiga de su mujer que acababa de volver de un retiro en una de las islas. Allí no pude comer nada, pero estaba bien. Al volver al hotel comí un par de galletas y… ¡Solucionado!

Al día siguiente ya volvía a España. Nikos tenía obligaciones y no pudimos vernos durante la mañana. Yo aproveché para dormir hasta tarde, preparar la maleta y pasear por el paseo marítimo de Thessaloniki. Fui a ver de nuevo La Torre Blanca, la estatua de Alejandro Magno y los paraguas de Zongopoulos.

Nikos llegó a la hora de comer y me llevó a una de las zonas antiguas de Thessaloniki. Allí era dónde vivía su abuelo y él había pasado muchos momentos de pequeño.

En cuanto a restaurantes sin gluten en Thessaloniki, ese día improvisamos. Entramos en uno que Nikos conocía más o menos bien y preguntó si podían preparar algo sin gluten con seguridad. El restaurantes se llamaba Sourtouko, en la calle Likourgou 3. Como éramos los primeros y la cocina estaba limpia, dijeron que no habría problema.

Tenía que coger un avión, así que intenté no correr riesgos innecesarios. Pedí una ensalada griega y cordero a la plancha con patatas al horno.

De nuevo, nos regalaron el postre. ¡Un postre típico de Thessaloniki! Naranja confitada. ¡Estaba riquísimo!

¡Pero el viaje no acababa allí! Tendría que quedarme un día más en Thessaloniki… Al llegar al aeropuerto, me dijeron que no podía volar porque había overbooking y no tenían asiento para mí… ¡genial! Me enviaron a un hotel cerca del aeropuerto en el que probablemente no habían oído nunca las palabras “sin gluten”.

No fue un problema… aproveché para llamar un taxi y volver al centro de Thessaloniki. Era una oportunidad excelente para comer de nuevo en el mejor restaurante del viaje: ¡“Los Tres Cerditos”!

Al día siguiente, al as 4 de la madrugada nos recogía el taxi en el hotel para llevarnos al aeropuerto. Teníamos que volar de Thessaloniki a Atenas. Desde allí, volvería a España. Esta vez en el avión de vuelta con Aegean Airlines sí había algo sin gluten que podía comer: ¡el yogur!

HACIENDO CLICK EN EL MAPA DE RESTAURANTES SIN GLUTEN PODRÉIS VER TODOS LOS RESTAURANTES DE LOS QUE OS HEMOS HABLADO UBICADOS EN EL MAPA DE ESTABLECIMIENTOS SIN GLUTEN:

Y AQUÍ OS DEJAMOS LA TARJETA DE VIAJE SIN GLUTEN EN GRIEGO:

P.D.: Por favor, tened en cuenta que en este blog comparto mis viajes, anécdotas y experiencias sobre viajar sin gluten por el mundo. Es posible que, en alguno de mis viajes, vaya a algún restaurante no certificado o exista el riesgo de que me contaminen con gluten. Tended en cuenta que la lista de referencias puede cambiar. Por favor, aseguraos siempre antes de comer en los restaurantes que recomendamos .¡Muchas gracias! 

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Me llamo Santi y actualmente vivo en la provincia de Barcelona. En 2001, me diagnosticaron de enfermedad celíaca… ¡por fin! Además, soy intolerante a la lactosa, la alergia al pescado me mata, ¡literalmente!, y también algunas frutas... Viajar sin gluten se ha convertido en mi mayor hobby y creé Gluten Free Adventures por esta razón. Desde los 8 años, he viajado y vivido en distintos países… ¡aquí comparto mis experiencias viajando para descubrir restaurantes sin gluten, pastelerías sin gluten y heladerías sin gluten por todo el mundo! ¡Espero que os gusten nuestros viajes sin gluten!