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Restaurantes sin gluten en Merzouga (2)

restaurantes sin gluten en merzouga (2)

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Merzouga: sustos, peticiones y alegrías comiendo sin gluten en medio del desierto gracias a la tarjeta de viaje sin gluten

Tras un desayuno menos exitoso que la cena de la noche anterior – desayuné a base de los productos sin gluten de la “compra de por si acaso” que había traído desde España – salimos a preparar los coches para entrar en las dunas. ¡Teníamos un objetivo muy claro! Comer en el Oasis Oubira. ¡Qué ilusos haha!

Con las ruedas deshinchadas, introdujimos las coordenadas del Oasis en el GPS, y empezamos a navegar hacia allí. Nos marcaba 11,4km en línea recta… el objetivo era llegar a la hora de comer. ¡Parece cerca pero no lo es!

dunas erg chebbi marruecos

Entre que salimos tarde, y que tuvimos algunos retrasos porque la arena nos lo ponía difícil, llegó la hora de comer y todavía no habíamos llegado al medio del desierto, dónde está el Oubira… A ver, esto no era un drama, ya que teníamos la nevera de los coches llena de comida y, como en otras ocasiones, podíamos parar en cualquier sitio a comer.

Llegadas las 14h paramos entre dunas y montamos la paradita. Normalmente usamos el maletero del coche de Carles, que se abre en dos partes. Una vez abierto, va de maravilla porque la parte de abajo hace la función de mesa.

Además, llevamos tantos años viajando juntos a Marruecos que ya lo tenemos súper apañado: la mitad derecha es la zona sin gluten; y la izquierda es la zona con gluten. Cuchillos y platos separados también. ¡Aunque todavía no habíamos sacado la pala para desencallarnos, estábamos realmente hambrientos!

comida sin gluten en las dunas del erg chebbi marruecos

¡Nos pusimos las botas! Yo me zampé un par de rebanadas de pan sin gluten con jamón y queso y, seguidamente, devoré otra con paté. Esta comida tan sencilla, sumada al paisaje y a una cerveza sin gluten bien fría sentaba de maravilla. ¡Pero lo bueno se acaba! Y teníamos que continuar… ¡aunque eso también era muy bueno! ¡Me encanta conducir por la arena!

Poco después llegamos al Oasis. ¡Por fin encontramos a alguien! Aunque el Erg Chebbi no es enorme, casi nunca nos encontramos con nadie. Si no fuera por que está plagado de huellas de camello y algunas rodadas de coche, quad o moto parece que estuviéramos solos.

¡Fue un día genial! Lo pasamos entero surfeando con el coche por las dunas. Sobre las 6 de la tarde, paramos a ver la puesta de sol en la duna mediana que hay delante del hotel de Alí el Cojo. Este es un albergue bastante normalillo – “Atlas du Sable” se llama – pero con un ambientazo de 4×4 que nos encanta. Está regentado por uno de los mejores – si no el mejor – conductores en dunas. Y conduce así teniendo sólo una pierna…

Carles y Aurea llevan muchísimos años yendo allí. Yo fui por primera vez en 2014 y, desde entonces, he vuelto cada año también.

cenar sin gluten en atlas du sable merzouga

Nada más llegar, Ali nos esperaba para darnos la segunda mala noticia del viaje: ¡otra cancelación! Tenían un grupo de motoristas que quería dormir en las Haimas Nómadas que teníamos contratadas… ¡Exacto! Igual que nos hicieron en el otro hotel, cancelaron nuestras habitaciones para poder acogerlos a ellos… ¡La segunda vez en ese viaje!

Tras saludar a los amigos de siempre, nos pusimos al día de todo. Hacía dos años que no les veía, ya que el año anterior, Isabel y yo habíamos ido de vacaciones a Viena y Budapest.

Llegada la hora de cenar, Ali nos sacó un plato de jamón – ya no nos sorprende comer cerdo en Marruecos – y nos hizo preparar las brochetas de pollo con patatas fritas típicas. ¡Me apetecían un montón! ¡Estaban deliciosas! Además, no tenía que preocuparme por el gluten, porque allí sí que sólo es pollo y patata.

haimas oubira erg chebbi

Cuando estás rodeado de buena gente y lo pasas bien… ¡el tiempo vuela! Esa noche todavía dormíamos en el Auberge Café du Sud, y llegamos bastante tarde… pero oye… ¡qué más da! ¡Estábamos de vacaciones! Con la perseverancia que nos caracteriza, al día siguiente intentamos llegar de nuevo al Oasis Oubira.

Antes de entrar de nuevo al desierto, dejamos las maletas en el Atlas du Sable. Tras discutir de nuevo con Ali, porque decía que no tenía habitaciones para nosotros… ¡otra mala noticia! conseguimos hacerle entrar en razón y pudimos dejar las maletas en recepción.

El Erg Chebbi tiene forma alargada, y el Auberge Café du Sud está en el Lago Yasmin, en una de las puntas. Al norte. Esta vez, pero, íbamos sobre seguro. Entraríamos por el lateral, dónde está el Atlas du Sable. Desde allí, tardaríamos mucho menos en llegar al Oasis.

postre sin gluten oasis oubira erg chebbi marruecos

El año anterior, mis amigos habían podido comer allí (brochetas de pollo con patatas también). Esta vez, no tenían comida, así que sacamos la “compra de por si acaso” y disfrutamos de la comodidad de las hamacas y sofás en medio de la arena.

¡Ese día me encargaba yo del postre! Como no podía ser de otra manera: saqué unas palmeritas de La Celiacoteca y unos polvorones sin gluten que le había comprado a Paco, el dueño de El Paller de Can Pradell, en Vallgorguina (Barcelona).

Tardamos bastante en volver al Atlas du Sable porque otro compañero que se había unido al grupo, tenía una pequeña avería y le costaba muchísimo pasar las dunas.

Cuando llegamos de nuevo a albergue, Ali nos repitió que no tenía habitaciones para nosotros… ¿¡Cómo!? Lo que faltaba… suerte que su hermano, Saïd, siempre lo arregla… ¡claro que había habitaciones! 

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Instalados y duchados con agua “caliente”, fuimos a la “Sala de Humos” a reunirnos con el resto. La llaman así porque hay una estufa con una chimenea que saca humo por todas partes menos por arriba… “home made” lo llamarían algunos. Otros lo llamarían de otra manera supongo… ¡empieza por “ch” y acaba por “apuza”! Pero eso es lo de menos.

Tomamos un té con algunos frutos secos y, cuando llegó la hora de cenar, fuimos al comedor grande. Estaba abarrotado de gente. Toda concentrada en una de las esquinas… ¡delante del bufete! Madre mía pensé… ¡cuánto riesgo!

bufete libre atlas tu sable merzouga

Viendo el jaleo que había, no lo pensé dos veces: hablé con el camarero para enseñarle la tarjeta de viaje sin gluten y pedirle que me prepararan una tortilla francesa.

En años anteriores, había comido sin problema en ese albergue. Ese año sería igual, pero reconozco que la muchedumbre que estaba saqueando – porque no se puede explicar de otra manera – el bufete me inspiraba poca confianza. Parecían de esos que meten la misma cuchara en todos los platos para servirse, en vez de usar la que corresponde a cada tipo de comida.

tortilla sin gluten en atlas du sable merzouga

Tras terminar la tortilla, todavía con hambre, me acerqué tímidamente a ver los restos de comida que habían quedado. No había sido tan grave. Con una la cuchara del arroz en la mano, giré 180º el plato y me serví de la parte que seguía intacta. Luego hice lo mismo con la ternera y el kefta. Puse un huevo cocido en el plato y volví a la mesa. ¡Me sentía bastante cómodo con ese plato! Y seguro que, junto esa tortilla que me habían preparado, calmaría mi apetito.

Luego, volvimos a la “Sala de Humos” para celebrar otro “momento Paco” con el limonchelo y el orujo de hierbas que nos prepara cada año.

cenar sin gluten en atlas du sable merzouga

Al día siguiente desayuné lo mismo que los demás días: ¡productos de la compra de por si acaso! Probablemente hubiese podido comer algo, o pedir que me prepararan algo aparte, ¡pero quería empezar bien el día! Comí unas galletas sin gluten y, cuando estuvimos todos preparados, salimos de nuevo a surfear las dunas. ¡Teníamos que aprovechar el último día del año! Y qué manera de aprovecharlo… llegando a la cresta de una duna, a lo lejos, divisé una mesa y dos sillas… ¿¡Cómo!? Paré el coche y volví a mirar bien… ¡sí, sí! ¡No estaba alucinando! Tenía sed, pero tampoco tanta como para ver bares dónde no podía haberlos…

mesa te en medio del desierto erg chebbi marruecos

Una vez reagrupados, nos dirigimos todos hacia allí. ¡Uau! En la parte baja de la duna, había unas haimas. ¡Con tablas de “snow” y todo! Si no lo habéis hecho, bajar por una duna con una tabla de snowboard es una pasada. Aquí os dejo el enlace a una foto mía haciéndolo la primera que bajé a Marruecos con Carles y Aurea. Lo del paraguas… emmm… ¡es difícil de explicar!

Volviendo al tema… poco después de llegar a la mesita, subió un chico joven a preguntarnos si queríamos un té. ¡Claro que sí! Creo que ese fue el té que más disfruté en mi vida. ¡El paisaje era inmejorable!

Podéis ver las fotos del viaje aquí.

HACIENDO CLICK EN EL MAPA DE RESTAURANTES SIN GLUTEN PODRÉIS VER TODOS LOS RESTAURANTES DE LOS QUE OS HEMOS HABLADO UBICADOS EN EL MAPA:

mapa de restaurantes sin gluten

 

Y AQUÍ OS DEJAMOS LA TARJETA DE VIAJE SIN GLUTEN:

Tarjeta de viaje sin gluten en Frances

P.D.: Por favor, tened en cuenta que en este blog comparto mis viajes, anécdotas y experiencias sobre viajar sin gluten por el mundo. Es posible que, en alguno de mis viajes, vaya a algún restaurante no certificado o exista el riesgo de que me contaminen con gluten. Tended en cuenta que la lista de referencias puede cambiar. Por favor, aseguraos siempre antes de comer en los restaurantes que recomendamos. ¡Muchas gracias! 

 

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