Idioma / Language: Inglés

Salamanca: buscando la rana de piedra entre restaurantes sin gluten en las tierras de Lazarillo de Tormes

¡Llegábamos a nuestro siguiente destino! ¡Salamanca! Esta es una ciudad de la que siempre he estado enamorado. ¡Estudiar aquí habría sido una aventura en sí misma! Es un claro ejemplo de convivencia entre historia y modernidad. Pasear entre sus edificios universitarios, calles antiguas, pórticos y plazas que han acogido a los protagonistas de parte de la historia de España te hacen sentir parte del origen de la sabiduría de un país. ¡Allí estábamos nosotros! Buscando restaurantes sin gluten en Salamanca. ¡Que no hay pocos!

Durante el trayecto desde Torrejón el Rubio (Extremadura) Isa reservó en el primer restaurante sin gluten al que iríamos. Antes, dejaríamos el coche bien aparcado y haríamos el check-in en el hotel para poder aprovechar el resto de la tarde. Con todo organizado, fuimos paseando desde el hotel hasta el Restaurante Jero, en la calle Meléndez 11. Había comido en este restaurante sin gluten por primera vez en 2015 durante un viaje con los compañeros de la Universidad. Era un sitio en el que quería repetir.

En el momento de hacer la reserva, Isa había informado de que los dos somos celíacos. Cuando nos dieron la mesa, ya nos esperaba un paquete de crackers sin gluten y una pegatina amarilla redonda en el mantel. Esto permitiría saber a cualquier camarero que en esa mesa había, al menos, un celíaco. Comparado con otros restaurantes como el Foster’s Hollywood o el Out of China (Barcelona), esta es una forma bastante discreta de identificar a los comensales.

Para variar, ¡íbamos con hambre! Estábamos en tierra de ibéricos y no podíamos empezar la comida de otra forma.

Para empezar a calentar el estómago, pedimos una tabla de ibéricos con pan sin gluten. Nos trajeron dos barras de pan recién horneadas. Venían ya fuera de la bolsa para hornearlas. Por una parte me parece acertado porque el pan no queda mojado. Por otro lado me plantea otras dudas sobre los riesgos de contaminación cruzada de este tipo de soluciones para el pan sin gluten que compartí en este post.

¡Los ibéricos siempre están buenos! Nos pusimos las botas con el chorizo, el lomo, el salchichón y el jamón ibérico que nos trajeron. Además, el pan estaba muy bien tostado. Un pan recién hecho, crujiente, con un poco de aceite y un buen trozo de jamón… ¡era perfecto para empezar una comida en Salamanca!

Seguíamos con las comidas típicas de España. Lo siguiente fueron los “huevos estrellados con jamón”, también conocidos como “huevos rotos”. Se trata de un plato muy sencillo – no por esto menos delicioso – que consta de tres ingredientes: huevos fritos (a poder ser con “puntillas”, es decir los bordes tostaditos), patatas fritas y el tercer ingrediente puede variar. Los hemos visto con gulas, con chorizo, con jamón, con foie… aquí ya depende del gusto de cada uno. Nosotros lo pedimos con jamón. De nuevo… ¡deliciosos! Además, había dos huevos fritos. Esta vez, no tendríamos que compartir la yema.

No sabría deciros si nos gusta más viajar o comer… porque seguimos con un plato de chuletillas de cordero. Empezábamos a estar un poco llenos. Reconozco que tras comernos 4 costillitas cada uno alguna patata frita se quedó en el plato… ¡pero no en vano! Habíamos visto un postre que queríamos probar. ¡El mouse de chocolate!

Este venía en un bol, lleno hasta arriba y con nata. Era más cremoso que esponjoso. ¿Pero qué más da? Era chocolate y nos apetecía mucho. Además, ese sí lo compartíamos. ¡Ninguno de los dos tenía suficiente espacio en el estómago para un bol entero!

Tras una comilona como esta sólo se pueden hacer dos cosas para bajarla: pasear, o echarse la siesta. ¡La decisión fue bastante fácil! Isa todavía estaba cansada del tute que se había pegado en el Reto Lumix en Torrejón el Rubio. Yo estaba muy lleno y, sinceramente, me apetecía poco caminar bajo el sol abrasador. ¡Decidido! Iríamos al hotel a echarnos una merecida siesta. Ella aprovecharía para seleccionar las fotografías que presentaría en la segunda fase del concurso. Yo buscaría otros restaurantes sin gluten en Salamanca en los que cenar y comer al día siguiente. Además, nos faltaba encontrar un sitio donde desayunar.

Salimos del hotel a una hora razonable. Hacía mucho calor y queríamos pasear cómodamente teniendo en cuenta que estábamos en el centro de España en pleno verano. Habíamos diseñado el circuito de la siguiente manera que nos permitiera echar un vistazo a los distintos restaurantes sin gluten que habíamos seleccionado.

De nuevo, bordeamos la Catedral de Salamanca y caminamos hasta llegar a la Casa de las Conchas. Este es un Palacio muy emblemático de finales del siglo XV, principios del XVI. Supongo que, al albergar una biblioteca, quizás para algunos sigue siendo la cárcel del estudio que antaño fue como cárcel universitaria. 

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Desde allí, seguimos caminando hacia la Plaza Mayor. Pero antes, nos desviamos un poquito para ir a ver el Restaurante Casa Paca, en la Plaza del Peso Nº10. Este es un restaurante que, según leímos en la información que habíamos encontrado, tiene una carta específica para celíacos. Una camarera que en vez de contestarnos prefería seguir distrayéndose con su teléfono móvil nos ayudó a decidirnos a buscar otro sitio en el que ir a cenar.

¡Al fin llegamos a la plaza mayor! Estaba abarrotada de bares, terrazas y sitios donde comer tapas (con y sin gluten). ¡Y de gente, por supuesto! Nos enamoró la mezcla de sus edificios y pórticos barrocos con el ambiente de cualquier plaza moderna. 

Paseando bajo sus arcos, Isa se fijó en el símbolo “sin gluten” en una de las puertas del Bar La Tentazión. No estaba en la lista de los restaurantes sin gluten en Salamanca que queríamos ver. Entramos a preguntar y nos explicaron cómo hacían todo. Teníamos otras dos opciones: la primera, que no nos convencía tanto porque según habíamos leído no tenían pan sin gluten, era el Tapas 2.0 Gastrocasa en la calle Felipe Espino 10; la otra era el Tapas 3.0 de la calle Sanchez Barbero 9.

Esta era una buena opción – que no habíamos contemplado – para ir a cenar.

Dejamos esta decisión para más tarde y nos sentamos un rato en los bancos de piedra que hay en el centro de la plaza. ¡Es genial poder sentarse en sitios así y observar todo! Estaba repleto de niños jugando, corriendo arriba y abajo detrás de una pelota o pedaleando con sus bicis mientras los camareros los esquivaban con las bandejas cargadas de cervezas frías, sangrías o copas de tinto de verano. El attrezzo del siglo XVIII le daba un toque interesante a la imagen.

Antes de cenar queríamos ver la Catedral de Salamanca desde el Puente Romano. Teníamos que deshacer el camino hasta el hotel y aprovechamos para ver el restaurante Tapas 3.0. Estaba cerrado. ¡La decisión era fácil entonces!

Tras ver la Catedral desde el puente y dejar las mochilas en el hotel, paseamos de vuelta hasta la plaza mayor. Nos dejaríamos llevar por la tentación de las tapas que habíamos visto en la carta del Bar La Tentazión. Además, tenían una terraza en la plaza mayor que hacía de multiplicador para mejorar el resultado del plan.   

La camarera se acordaba de nosotros y ya nos trajo la carta sin gluten. Es importante que indiquéis que sois celiácos cuando os tomen nota porque pueden hacer las tapas con y sin gluten.

Esta vez íbamos a cenar un par de tapas para poder descansar bien. Al medio día habíamos comido muchísimo. Aunque habíamos caminado mucho por Salamanca, teníamos que compensar un poco.

Empezamos con unas patatas bravas con salsa brava y salsa alioli. Más tarde, en Tolosa, una camarera las bautizaría como “bravioli”. ¡Qué gran nombre! ¡Y qué buenas estaban! Las trajeron cortadas de una forma muy similar a las de La Sandvitxería, en Sabadell.

Luego, nos trajeron un steak tar-tar. Este plato me encanta. Además, me gusta porque varía según el sitio en el que lo pides. En este restaurante lo traían con cebolla encurtida y mahonesa provenzal. No lo había comido así antes. Estaba muy rico. Además, la carne era de ternera con denominación de origen. Estaba cortada en trozos más grandes también. Fue una buena elección. Además, es un plato fresco que le aportaba contraste al calor de las bravas.

Una cena como esta, disfrutando de la Plaza Mayor de Salamanca por la noche, no podía tomarse sin un buen tinto de verano. Además, de fondo se oía a la Tuna cantando en otra terraza.

De repente, las luces de la plaza se encendieron iluminando los edificios antiguos que la rodean. Se nos pusieron los pelos de punta cuando todo el mundo aplaudió. Sin dudarlo, ¡nos unimos a la ovación!

Para rematar la cena, pedimos un postre muy curioso. Se llamaba “espuma de manzana ácida con petazetas”. Sí, sí, los petazetas de toda la vida. Los que estallaban en la boca cuando te los comías. Fue una forma interesante de acabar el día en Salamanca.

Después de cenar, estuvimos un rato más sentados en el restaurante, disfrutando de las vistas de la plaza y planeando el día siguiente. Ya sabíamos dónde desayunaríamos. También decidimos comer allí. Queríamos probar más restaurantes sin gluten en Salamanca.

Podéis ver las fotos del viaje aquí.

HACIENDO CLICK EN EL MAPA DE RESTAURANTES SIN GLUTEN PODRÉIS VER TODOS LOS RESTAURANTES DE LOS QUE OS HEMOS HABLADO UBICADOS EN EL MAPA DE ESTABLECIMIENTOS SIN GLUTEN:

Y AQUÍ OS DEJAMOS LA TARJETA DE VIAJE SIN GLUTEN EN ESPAÑOL:

P.D.: Por favor, tened en cuenta que en este blog comparto mis viajes, anécdotas y experiencias sobre viajar sin gluten por el mundo. Es posible que, en alguno de mis viajes, vaya a algún restaurante no certificado o exista el riesgo de que me contaminen con gluten. Tended en cuenta que la lista de referencias puede cambiar. Por favor, aseguraos siempre antes de comer en los restaurantes que recomendamos .¡Muchas gracias! 

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